Cuando comenzaba esta meditación, pensaba en cuántas cosas hacemos para estar bien perfumados: desde el shampoo, el jabón que usamos para bañarnos, la crema dental con menta, el desodorante/antitranspirante floral, el perfume más caro, el talco para los pies, luego, la ropa que usamos: lavamos con el jabón de mejor aroma, le aplicamos suavizante de ropas con mejor olor, y para planchar volvemos a aplicarle un perfume para que quede más agradable. ¿Y nuestra casa? repasamos el piso con desodorante de ambiente, al baño le aplicamos una pastilla para neutralizar cualquier olor desagradable, y por último un desodorante en aerosol, un dispensador automático de perfume y otro para la mesa o el escritorio. ¿Alguna vez pensaron cuánto uno gasta en todo ese tipo de perfumes o esencias? ¿por qué sera que necesitamos tantos perfumes en diferentes presentaciones, formas, colores y aromas? Y cuando llega el final, se aplica un líquido al cuerpo sin vida para evitar que despida el característico olor a muerto, hasta ese punto!! Llegué a una conclusión: el ser humano JAMAS por sí mismo podrá despedir un olor agradable.
Todo lo que hagamos con la intención de "oler bien" es un esfuerzo por tratar de evitar o neutralizar el mal olor que naturalmente todo ser humano despide.
Que triste condición! Sin embargo, los que hemos conocido al Señor Jesucristo como Salvador, tenemos hoy la posibilidad de despedir un olor grato para Dios, por medio de esa vida, ya no un olor a muertos, ya no un olor a podredumbre, una fragancia agradable que Dios se digna en recibir. ¡Que privilegio!
Nuestro verso dice: por medio de nosotros manifiesta en todo lugar el olor de su conocimiento. Hay una fragancia que sale desde adentro, que tiene una fuente inagotable, es la misma vida de Cristo, y a través de El, hoy podemos llevar un dulce y grato aroma para Dios, porque llevamos SU vida en nosotros, en vasos de barro, que es nuestro cuerpo.
En nuestra version, RVR 1960, existen más de 30 menciones de "olor grato" y todas relacionadas a un sacrificio:
Génesis 8:21 Dios percibe olor grato en el sacrificio de Noe.
Exodo 29:18 el holocausto era una ofrenda de olor grato a Jehová.
2° Corintios 2:15 por el sacrificio perfecto de Cristo somos de olor grato a Dios.
En Efesios 5:2 vemos que la Palabra dice que Cristo nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante. Dios percibió el sacrificio de Su Hijo Jesucristo como olor grato, fragante, dulce perfume, porque lo hizo en obediencia a su Padre, por amor a su Padre y a la humanidad perdida, y por ganar para sí un pueblo para Su Nombre Hechos 15:14, Tito 2:14. Ningún perfume pudo igualar ni superar al que Dios recibió en el sacrificio de Su Hijo Jesucristo. Hasta hoy, el Padre recibe ese olor fragante destilado de la cruz, al ver a sus hijos, nosotros, comprados por esa sangre preciosa, y aún más, pudiendo ofrecer sobre esa base, un perfume grato a El.
Encontramos un ejemplo imposible de pasar por alto, la mujer que derramó un caro perfume sobre el Señor Jesucristo, ungiéndole antes de su muerte, en Lucas 7:26 al 38, vemos como esta mujer no escatimó el valor del perfume para derramarlo sobre el Señor, aún lloraba y regaba sus pies y suavizaba con su cabello. Para que ese perfume se derramase hubo un frasco roto, y todo el aroma que ese frasco contenía fue dedicado al Señor Jesucristo. ¡Una total entrega! Ese perfume derramado representa nuestra propia vida, que al ser liberada del frasco roto unge al Señor Jesucristo. Hoy podemos andar manifestando el olor de su conocimiento, siendo de grato aroma para el Padre por ese sacrificio, hoy nuestra vida puede ser como ese perfume de nardo puro dedicado al Señor, hoy podemos acercarnos y el Padre nos recibe percibiendo el aroma de la vida de su Hijo Jesucristo.
Por más que el ser humano gaste dinero en los perfumes más caros, o intente de cualquier manera perfumar su cuerpo o su lugar, no quedará nada cuando llegue su hora, a menos que haya recibido la gracia de Dios con la salvación que el ofrece y comience a andar en vida nueva, sobre ese sacrificio que a Dios tanto le agradó.
Hoy como hijos del Dios Verdadero podemos acercar a Su Presencia el más fino perfume: una vida rendida a sus pies, una vida dedicada a El, no hay frasco que impida que ese perfume sea derramado, no hay un Judas que quiera impedir ofrecer tal dedicación, porque el amor que mueve a cada creyente a dedicar su vida al Señor está basado en la más alta prueba de amor: la cruz de Cristo.
Tu vida y mi vida hoy pueden ser la ofrenda más dulce que el Padre pueda recibir en Su Presencia, hoy podemos perfumar su morada y darle la más agradable fragancia, porque la vida de su Hijo está en nosotros, y aunque este cuerpo mortal y corruptible un día se desgaste y perezca, la eternidad revelará la dulce fragancia de su sacrificio perfecto, y no será un perfume pasajero, sino uno eterno, que alegra y alegrará por siempre el tierno corazón del Padre.
Ahora cada vez que nos echemos algún tipo de perfume, sea a nuestra ropa, nuestro cuerpo o nuestro lugar, recordemos que estas fragancia es pasajera y necesita ser renovada todo el tiempo, pero el olor de Cristo es permanente, presentado a Dios como dulce fragancia, por su sacrificio, no por nuestro mérito, y nos permite ser gratos a El, sólo por gracia. Pasamos de despedir olor de muertos a olor de vida, de podredumbre a vida eterna, de hedor a fragancia dulce y agradable.
Que el Señor les bendiga grandemente.
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