miércoles, 10 de septiembre de 2014

El perfume que vale

Mas a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús, y por medio de nosotros manifiesta en todo lugar el olor de su conocimiento. Porque para Dios somos grato olor de Cristo en los que se salvan, y en los que se pierden; a éstos ciertamente olor de muerte para muerte, y a aquellos olor de vida para vida. Y para éstas cosas, ¿quién es suficiente? 2da Corintios 2:14 al 16


Cuando comenzaba esta meditación, pensaba en cuántas cosas hacemos para estar bien perfumados: desde el shampoo, el jabón que usamos para bañarnos, la crema dental con menta, el desodorante/antitranspirante floral, el perfume más caro, el talco para los pies, luego, la ropa que usamos: lavamos con el jabón de mejor aroma, le aplicamos suavizante de ropas con mejor olor, y para planchar volvemos a aplicarle un perfume para que quede más agradable. ¿Y nuestra casa? repasamos el piso con desodorante de ambiente, al baño le aplicamos una pastilla para neutralizar cualquier olor desagradable, y por último un desodorante en aerosol, un dispensador automático de perfume y otro para la mesa o el escritorio. ¿Alguna vez pensaron cuánto uno gasta en todo ese tipo de perfumes o esencias? ¿por qué sera que necesitamos tantos perfumes en diferentes presentaciones, formas, colores y aromas? Y cuando llega el final, se aplica un líquido al cuerpo sin vida para evitar que despida el característico olor a muerto, hasta ese punto!! Llegué a una conclusión: el ser humano JAMAS por sí mismo podrá despedir un olor agradable.


Todo lo que hagamos con la intención de "oler bien" es un esfuerzo por tratar de evitar o neutralizar el mal olor que naturalmente todo ser humano despide.
Que triste condición! Sin embargo, los que hemos conocido al Señor Jesucristo como Salvador, tenemos hoy la posibilidad de despedir un olor grato para Dios, por medio de esa vida, ya no un olor a muertos, ya no un olor a podredumbre, una fragancia agradable que Dios se digna en recibir. ¡Que privilegio!

Nuestro verso dice: por medio de nosotros manifiesta en todo lugar el olor de su conocimiento. Hay una fragancia que sale desde adentro, que tiene una fuente inagotable, es la misma vida de Cristo, y a través de El, hoy podemos llevar un dulce y grato aroma para Dios, porque llevamos SU vida en nosotros, en vasos de barro, que es nuestro cuerpo.

En nuestra version, RVR 1960, existen más de 30 menciones de "olor grato" y todas relacionadas a un sacrificio:
Génesis 8:21 Dios percibe olor grato en el sacrificio de Noe.
Exodo 29:18 el holocausto era una ofrenda de olor grato a Jehová.
2° Corintios 2:15 por el sacrificio  perfecto de Cristo somos de olor grato a Dios.

En Efesios 5:2 vemos que la Palabra dice que Cristo nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante. Dios percibió el sacrificio de Su Hijo Jesucristo como olor grato, fragante, dulce perfume, porque lo hizo en obediencia a su Padre, por amor a su Padre y a la humanidad perdida, y por ganar para sí un pueblo para Su Nombre Hechos 15:14, Tito 2:14. Ningún perfume pudo igualar ni superar al que Dios recibió en el sacrificio de Su Hijo Jesucristo. Hasta hoy, el Padre recibe ese olor fragante destilado de la cruz, al ver a sus hijos, nosotros, comprados por esa sangre preciosa, y aún más, pudiendo ofrecer sobre esa base, un perfume grato a El.

Encontramos un ejemplo imposible de pasar por alto, la mujer que derramó un caro perfume sobre el Señor Jesucristo, ungiéndole antes de su muerte, en Lucas 7:26 al 38, vemos como esta mujer no escatimó el valor del perfume para derramarlo sobre el Señor, aún lloraba y regaba sus pies y suavizaba con su cabello. Para que ese perfume se derramase hubo un frasco roto, y todo el aroma que ese frasco contenía fue dedicado al Señor Jesucristo. ¡Una total entrega! Ese perfume derramado representa nuestra propia vida, que al ser liberada del frasco roto unge al Señor Jesucristo. Hoy podemos andar manifestando el olor de su conocimiento, siendo de grato aroma para el Padre por ese sacrificio, hoy nuestra vida puede ser como ese perfume de nardo puro dedicado al Señor, hoy podemos acercarnos y el Padre nos recibe percibiendo el aroma de la vida de su Hijo Jesucristo.

Por más que el ser humano gaste dinero en los perfumes más caros, o intente de cualquier manera perfumar su cuerpo o su lugar, no quedará nada cuando llegue su hora, a menos que haya recibido la gracia de Dios con la salvación que el ofrece y comience a andar en vida nueva, sobre ese sacrificio que a Dios tanto le agradó. 

Hoy como hijos del Dios Verdadero podemos acercar a Su Presencia el más fino perfume: una vida rendida a sus pies, una vida dedicada a El, no hay frasco que impida que ese perfume sea derramado, no hay un Judas que quiera impedir ofrecer tal dedicación, porque el amor que mueve a cada creyente a dedicar su vida al Señor está basado en la más alta prueba de amor: la cruz de Cristo.

Tu vida y mi vida hoy pueden ser la ofrenda más dulce que el Padre pueda recibir en Su Presencia, hoy podemos perfumar su morada y darle la más agradable fragancia, porque la vida de su Hijo está en nosotros, y aunque este cuerpo mortal y corruptible un día se desgaste y perezca, la eternidad revelará la dulce fragancia de su sacrificio perfecto, y no será un perfume pasajero, sino uno eterno, que alegra y alegrará por siempre el tierno corazón del Padre.

Ahora cada vez que nos echemos algún tipo de perfume, sea a nuestra ropa, nuestro cuerpo o nuestro lugar, recordemos que estas fragancia es pasajera y necesita ser renovada todo el tiempo, pero el olor de Cristo es permanente, presentado a Dios como dulce fragancia, por su sacrificio, no por nuestro mérito, y nos permite ser gratos a El, sólo por gracia. Pasamos de despedir olor de muertos a olor de vida, de podredumbre a vida eterna, de hedor a fragancia dulce y agradable.

Que el Señor les bendiga grandemente.




jueves, 4 de septiembre de 2014

Viendo la prosperidad en los vecinos

Ciertamente es bueno Dios para con Israel,Para con los limpios de corazón.En cuanto a mí, casi se deslizaron mis pies; Por poco resbalaron mis pasos.Porque tuve envidia de los arrogantes,
Viendo la prosperidad de los impíos. Salmo 73: 1 al 3 


Esta es la experiencia de un hombre, quien se sentó a mirar alrededor y vio la prosperidad de sus vecinos. Vecinos me refiero a los demás, no precisamente que vivan cerca de casa.


Mirando alrededor vio que ellos eran más prósperos, y llega el pensamiento a su mente generando envidia.



Esta palabra envidia es definida en el diccionario como Sentimiento de tristeza o enojo que experimenta la persona que no tiene o desearía tener para sí sola algo que otra posee.

Lo que leemos en esta porción del Salmo 73 es una tristeza causada por mirar al lado y ver la prosperidad, una tristeza que nos hace clamar así como lo hizo Ezequías: "Entonces volvió Ezequías su rostro a la pared, e hizo oración a Jehová, y dijo: Oh Jehová, te ruego que te acuerdes ahora que he andado delante de ti en verdad y con íntegro corazón, y que he hecho lo que ha sido agradable delante de tus ojos. Y lloró Ezequías con gran lloro". Isaias 38: 2-3 Ezequías se paró frente a Dios y reclamó sus años de servicio, cuestionó la soberanía de Dios y su perfecta voluntad, y Dios le demostró que Sus pensamientos son más altos que los del hombre, dándole 15 años más de vida, donde le nació un hijo que deshonró a Dios y entregó a Babilonia los tesoros de Israel. Trágico, verdad?

Así es en nuestra experiencia práctica. Pero no solo al ver la aparente prosperidad de los impíos, sino es mucho más doloroso cuando vemos la aparente prosperidad de los creyentes que no buscan al Señor. Me pasó, y el Señor conoce mi corazón, que vi y reclamé a Dios la prosperidad de unos hermanos que apenas se congregaban o que vivían una vida desordenada. ¿Que pasa Señor? era mi pregunta. Miles de "por qué" inundaron mi mente y sentí esa tristeza causada por desear la prosperidad o las bendiciones que otros tenían, cuesta muchísimo reconocer que es envidia, porque a veces el enemigo es astuto y pone en nuestra mente que no es nada malo pensar de esa manera, o desear más del otro. No es malo hasta que ponemos a la luz de la Palabra y vemos estas experiencias, tanto de Asaf como de Ezequías. Gran lloro, gran llanto,  gran tristeza hubo en el corazón de Ezequías, pero era la voluntad del Dios todo sabio. 

Cuántas veces lloramos con este llanto amargo de Ezequías y decimos: "Pero Señor, yo soy más fiel que el hermano, yo te sirvo más que el, yo me dedico más que el, yo me congrego más, yo ofrendo, diezmo, yo hago todo...." igual que Ezequías. Pero Dios conoce, sabe que le servimos, El no se olvida "Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún". Hebreos 6:10 Dios no se olvida aún del vaso de agua fría que servimos al cansado, no se olvida de que levantaste las almohadillas de los bancos del templo, no se olvida que acercaste a un hermano con tu vehículo, no se olvida que oraste por el enfermo, no se olvida de nada, pero otra vez, por qué vemos la prosperidad en otros menos fieles? 

Muchas veces esa pregunta invade mi mente, por qué será que al creyente más descuidado "Dios bendice más". Bueno, después de tantas preguntas, tantos cuestionamientos, después de mucho llanto, ahí viene la Divina respuesta: Si dijera yo: Hablaré como ellos, He aquí, a la generación de tus hijos engañaría.Cuando pensé para saber esto, Fue duro trabajo para mí, Hasta que entrando en el santuario de Dios, Comprendí el fin de ellos. Ciertamente los has puesto en deslizaderos; En asolamientos los harás caer. Salmo 73: 15 al 18 Podríamos bien tomar esta Palabra para nosotros y ver que al entrar al Santuario de Dios encontramos la respuesta. Alli comprendemos el fin de ellos, alli comprendemos que los impíos pueden tener prosperidad material, pero lamentablemente por rechazar al Salvador tendrán una eternidad sin El, allí comprendemos que los creyentes que no buscan al Señor podrían tener prosperidad material, pero comprendemos el fin de ellos al ver que por no decidirse en el servicio al Dios verdadero, no amontonan riquezas espirituales. Cuesta entender, de hecho Asaf dice esto mismo: Se llenó de amargura mi alma, Y en mi corazón sentía punzadas. Tan torpe era yo, que no entendía; Era como una bestia delante de ti. Salmo 73: 19 al 22 El dice que era muy torpe al no entender, y cuántas veces somos asi? Torpes y duros para entender? Pero Asaf no niega su debilidad sino que va en busca del Omnipotente ¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra.Mi carne y mi corazón desfallecen; Mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre. Salmo 73: 25-26 Entender que la suficiencia del creyente está en su Señor es muy difícil. No predicamos prosperidad por seguir al Señor y tampoco hablamos de que el creyente debe ser un fracasado total en el mundo, o que debe ser un pobre mendigo. Todos los extremos son malos. Pueden haber creyentes muy fieles al Señor y prósperos en lo material, como pueden haber creyentes fieles con necesidades materiales, esto es un trato personal del Señor con cada creyente.

No negamos nuestra debilidad al ver que muchas veces los creyentes más infieles son los más prósperos aparentemente, pero dice más en este salmo Porque he aquí, los que se alejan de ti perecerán; Tú destruirás a todo aquel que de ti se aparta. Pero en cuanto a mí, el acercarme a Dios es el bien; He puesto en Jehová el Señor mi esperanza, Para contar todas tus obras. Salmo 73: 27-28


Ahora está delante de nosotros la elección:

- Buscar la presencia del Señor y alcanzar más de El
- Alejarnos y procurar nuestro bien material
No existe una maldición por buscar la prosperidad material, sólo que tiene su peligro cuando ocupa el primer lugar en nuestras vidas. No existe una bendición por empobrecernos en lo natural aparentando buscar más del Señor.
Sí hay una destrucción segura al alejarse del Señor, destrucción en herencia, en gozo, en paz, en seguridad. Lejos del Señor como el hijo pródigo pasamos hambre, pero en la casa del Padre hay abundancia de pan Lucas 15: 11 al 32

¿Cuestionamos a Dios al ver la prosperidad de los impíos?

¿Cuestionamos a Dios al ver la prosperidad de otros creyentes a quienes consideramos menos fieles?
La respuesta está entrando al Santuario de Dios, entrando al Lugar Santísimo, entrando a su Presencia donde hay plenitud de gozo y todas las respuestas a todas nuestras aflicciones.

Que el Señor les bendiga grandemente.